Barandas de agua, badenes de piedra y canales discretos redirigen el caudal hacia zonas estables, rompiendo la velocidad que arranca finas partículas del camino. La clave está en la frecuencia adecuada, la pendiente mínima interna y la salida protegida con vegetación viva, evitando saltos libres que socaven taludes y comprometan la seguridad de senderistas y ciclistas en días de lluvia.
Barandas de agua, badenes de piedra y canales discretos redirigen el caudal hacia zonas estables, rompiendo la velocidad que arranca finas partículas del camino. La clave está en la frecuencia adecuada, la pendiente mínima interna y la salida protegida con vegetación viva, evitando saltos libres que socaven taludes y comprometan la seguridad de senderistas y ciclistas en días de lluvia.
Barandas de agua, badenes de piedra y canales discretos redirigen el caudal hacia zonas estables, rompiendo la velocidad que arranca finas partículas del camino. La clave está en la frecuencia adecuada, la pendiente mínima interna y la salida protegida con vegetación viva, evitando saltos libres que socaven taludes y comprometan la seguridad de senderistas y ciclistas en días de lluvia.
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